No soy fan de repetir destinos, pero hay destinos de los
que uno se enamora. Se llega al lugar, se siente algo que es inexplicable y
siempre pero siempre se quiere volver.
A mí me pasó en Moscú. No puedo recordar cómo elegí el destino ni porqué. Pero si tengo presente el
día que llegué a la PLAZA ROJA por primera
vez y la vi. Yo era un ser insignificante en semejante plaza. El Museo Estatal de Historia de Rusia, el Mercado (G.U.M.) , la Catedral de San Basilio, el mausoleo de Lenin.... Todo, todo, todo junto en una sola plaza.
Llegué, la vi y me enamoré. Durante una semana pasé por ahí más de tres veces por día. Tenía necesidad de verla mañana, tarde y noche. Verla de
día me emocionaba y verla
iluminada me parecía aun más espectacular todavía.
No solo volví una vez, sino que si hoy en día me preguntas si volvería, la respuesta es SI. No
solo volvería sino que también me quedaría a vivir.


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