Tengo una cuñada colombiana y
reconozco que desde el día uno en que la conocí me insistió para que viajara
por Colombia. Todos sabemos de mi teoría de “no viajar por países de habla
hispana” por lo que nunca lo organicé hasta que llegó el día en que mi hermano
dijo “ME CASO” y yo salí desesperada en busca de la Lonely Planet apenas corté
el teléfono.
Me demoré en conseguirla y cuando
la conseguí se demoró en llegarme a domicilio. Yo ya estaba ansiosa y
necesitaba buscar donde ir, que hacer, donde pasear y por supuesto ¡donde
salir! Ya sé que todos esos datos salen en la red, pero a mí me gustan las
guías. Ir y volver de página en página, marcarla, buscar recorridos y
fundamentalmente ¡NO VER FOTOS! No quiero que nada, ni nadie me muestre el
lugar, ni me cuente como es, ni que hizo, ni nada. Sí que me recomienden un
lugar como imperdible pera nada más.
Creo que sorprenderme fue poco.
Hice un recorrido bastante amplio, donde pude disfrutar de sus lugares, su
gente, sus costumbres, su calor, su humedad (por dios que humedad!), sus
colores, sus olores, sus frutas, sus jugos, sus flores y sus hormigas culonas.
Fue un viaje donde hice mezcla de
hamacas vs hoteles, restaurantes vs picnics, playas vs desiertos y la pasé más
que bien.
Como decía mi madre “Luján lo
tiene todo” y en este caso cambiaríamos Luján por Colombia.





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